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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Una noche más.

Pues nada, una noche más. Sola, como es típico últimamente. Ya no queda nadie en la fiesta de mi vida. De fondo suena la típica canción que nadie sabe como se llama, pero todo el mundo conoce. Confeti en el suelo, copas a medias y globos rotos. Y en el medio de ese desastre estoy yo, sola, como ya dije al principio.

El rímel, corrido por toda la cara; el pelo, vencido por la fiesta, ese medio recogido ya no tiene la misma forma que al principio de la noche; los labios, rojos gastados y mordidos, en exceso, por culpa de aquel idiota.
La canción ha acabado. Silencio. Arrastrando los pies entre los restos, consigo llegar a la salida. Antes de pasar el umbral de la puerta, pienso a dónde se habrá ido toda la gente que estaba conmigo, bailando, riendo.
Y ahí, despierto de aquel sueño, preguntándome dónde podrá estar ese idiota que me mordió los labios en exceso, aquella noche de fiesta soñada.

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