Una bala había impactado delante de sus ojos. Y sintió miedo. Nunca antes se había pinchado con la rosa roja como la sangre de sus venas.
La vida últimamente no le sonreía. Marta se sentía devastada, aterrorizada. Quizá esa bala fría, pero en ese momento caliente por el disparo, sólo quería ayudarle en forma de verdad, realidad. La rosa, ya marchita, era pura belleza. Igual que su rojo. La sangre fluía con rapidez. Un río de sangre había bañado la rosa. Sus espinas clavadas en su corazón, eran pequeños puñales. En esta situación se preguntaba quién era más culpable ¿la bala o la pistola?
La vida últimamente no le sonreía. Marta se sentía devastada, aterrorizada. Quizá esa bala fría, pero en ese momento caliente por el disparo, sólo quería ayudarle en forma de verdad, realidad. La rosa, ya marchita, era pura belleza. Igual que su rojo. La sangre fluía con rapidez. Un río de sangre había bañado la rosa. Sus espinas clavadas en su corazón, eran pequeños puñales. En esta situación se preguntaba quién era más culpable ¿la bala o la pistola?
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