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viernes, 29 de agosto de 2014

Almendras.

Almendras. Fruto seco preferido. Siempre le habían gustado. Cómo algo tan pequeño podía tener tanto sabor? 
Ella siempre las mordía cachito a cachito. Como si sólo hubiera una y le tuviera que durar 1 hora. Las disfrutaba. El caso es que le gustaban tanto porque le recordaban a la vida. Cachito a cachito. Como si un instante tuviera que durar una eternidad. Así la vivía ella.Quería saber que había en medio de la vida, de la almendra, del instante. Las contemplaba de una manera espectacular, dándole importancia a las cosas pequeñas en las que nadie se fijaba.
 Era tan distinta a las demás adolescentes. Era muy callada, se fijaba en todo lo que las otras no percibían a simple vista. En cambio, cuando estaba con un chico importante para ella era muy diferente. Se reía, disfrutaba de la vida, no le daba tanta importancia a todo como otras veces. Se sentía libre de ser como quería ser. Comía las almendras más rápido, como si las tuviera que terminar todas muy pronto. Como si quisiera que todos esos instantes fueran su vida. 

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