<<¿No os pasa qué de repente os dais cuenta de que queréis a alguien con locura? ¿Qué siempre estáis en si sí o si no, pero que el día que os faltase no sabríais que hacer?
No sé cuanto va a durar esto, ni si cuando termine será porque queremos los dos o porque simplemente se terminó. Pero sé que ahora soy feliz. Que tú me haces feliz. Y que ojalá la vida nos trate igual de bien que lo ha hecho hasta ahora.>>
Eso pensaba Marta aquel día de lluvia, apoyada en el cristal de la ventana de su habitación, mientras miraba las gotas hacer carreras, apostando por la que iba resbalando con más rapidez. Y así, entre carrera y carrera, entre gota y gota, se dio cuenta de lo que de verdad quiere en la vida, o al menos, en la vida que está viviendo ahora.
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